lunes, 14 de marzo de 2016

Paro Nacional de Protesta Jaime Caycedo T. (Tomado de Izquierda Unida)

El descontento generalizado y en crecimiento es una respuesta a los provocadores retos de las medidas oficiales. Responde al estilo chabacanode gobierno, que aplica su recetario de clase sin consideración por las condiciones reales de la desigualdad social en el marco de una situación política signada por el proceso de paz con las FARC-EP y en la antesala de ampliarlo con el ELN. La aprobación de la ley de ZIDRES, el salario mínimo por debajo del IPC, la privatización de ISAGEN y el anuncio de otras más, el aviso de una reforma tributaria abiertamente regresiva, una nueva contrarreforma pensional, alzas en la energía y demás servicios, colapsos del asistencialismo, crisis del sistema de salud y un largo etcétera motivan un ambiente de desaprobación incesante. La más reciente encuesta de opinión (RCN, FM, Semana) le otorga a Santos un 25% de aprobación y un 73% de imagen negativa. Un paro nacional de protesta está en camino para el 17 de marzo. Se anuncia como una jornada de indignación con movilizaciones en las principales ciudades, con ceses laborales puntuales en varios casos, paro de taxistas, inicio de un paro camionero, manifestaciones y presencia en carreteras por cuenta de los sectores agrarios que reclaman cumplimiento de los acuerdos del paro de 2013, marchas del magisterio, del Jaime Caycedo Turriago Paro nacional de protesta del 17 de marzo: ¿El choque popular con el modelo? Contenido 62 Marzo de 2016 Bogotá, Colombia 70 EDITORIAL estudiantado, de organizaciones comunitarias, indígenas, afrodescendientes y otras. Se habla de una acción de “calentamiento” hacia una actividad más contundente, quizás un paro cívico. El Comando nacional de paro prepara un encuentro con voceros representativos de todo el país para decidir un itinerario. Quince puntos integran el Pliego de exigencias. Es encomiable el esfuerzo logrado para sintetizar en consenso una confluencia tan variada de intereses y preocupaciones. El preámbulo del pliego fija una postura de apoyo al proceso de diálogo y solución política, como deslinde con el uribismo que intenta pescar en río revuelto y con la pretensión de Santos de imponer a la brava un plebiscito refrendatorio de los acuerdos. El paro no es contra el proceso de diálogo y el Comando de paro se pronuncia por el sistema de refrendación que salga por acuerdo bilateral en la Mesa de la Habana. Es claro que el inconformismo no nace de disgustos coyunturales. De una parte, las medidas adoptadas y las previstas buscan preservar las ventajas del capital para contrarrestar exclusivamente a su favor el ciclo depresivo. No es posible una lectura diferente de las propuestas sobre IVA, impuestos, privatizaciones, austeridad y recortes presupuestales, sin tocar servicio de la deuda ni gasto militar. De otra parte, hacen caso omiso de lo acordado en el primer punto de la Agenda, en relación con el desarrollo agrario y territorial; con el cuarto, sobre cultivos; con los requerimientos territoriales de fin de la guerra y el cese al fuego. El Plan nacional de desarrollo se muestra como un inamovible, la regla fiscal como techo del gasto social y el llamado “equilibrio de poderes” como el límite del reformismo posible. El modelo del fin de la guerra para el régimen es un sistema y una territorialidad previamente formateados por el Plan de Infraestructura 4G, el reparto a las transnacionales del saqueo minero, las ZIDRES y el Plan de Consolidación militar, como presencia aconductante del Estado.
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