miércoles, 19 de octubre de 2016

EL CÓMO ES TAN IMPORTANTE COMO EL QUÉ



Por Gloria Gaitán

Quienes se califican a sí mismos como marxistas siguen los preceptos y las conclusiones emanadas del cuerpo de doctrina y los fundamentos teóricos, estratégicos y conceptuales del llamado “Socialismo Científico”.
 
Los gaitanistas doctrinarios nos orientamos por el cuerpo de doctrina científico que surgió de la ruptura epistemológica que, frente al método científico de Marx, concibió Jorge Eliécer Gaitán al introducir en su visión científica del socialismo los nuevos paradigmas de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, ruptura epistemológica que no le tocó vivir a Carlos Marx, ya que del subconsciente nada o casi nada se sabía, pero cuya aparición en el campo de la ciencia modificó profundamente la manera de concebir la lucha política.
 
Lo primero que se pregunta un gaitanista es ¿cuáles son los factores culturales que mueven y orientan a la sociedad en que vivo? ¿a qué responde la mentalidad burguesa, la campesina, la de la juventud, la del colombiano o la del extranjero? Porque para el gaitanismo es fundamental “interpretar al otro”, tanto en lo colectivo como en lo individual, más que avanzar como noria, rodeando y elucubrando sobre nuestras propias concepciones del mundo, para construir propuestas a partir de nuestro “yo”.
 
Uno de los elementos que mueve a nuestra sociedad colombiana es el constante referente a “lo extranjero”, desde los zapatos tenis hasta los modelos políticos. De ahí que se estudie a Marx, a Lenin, a Stalin, a Mao y se venere al Che y a toda la cohorte de paradigmáticos personajes, siempre extranjeros, y se ignore y desdeñe el pensamiento nacional.  Por eso el cuerpo de doctrina científico de Gaitán, fincado en los principios teóricos que nos condujeron a la teoría de la complejidad de hoy, es totalmente ignorado y seguimos actuando bajo los principios cartesianos y racionalistas que marcaron la Ilustración y que estructuraron el pensamiento y la cultura política marxistas.
 
Mientras que la física revaluó la famosísima Ley de la gravedad de Newton, en la cual aún muchos creen y que lamentablemente aún se enseña como verdadera en nuestras escuelas, el concepto de “espacio-tiempo” de Einstein es desconocido y, sobre todo, se desconoce que la ciencia es y será siempre un factor de tiempo y de lugar y que ninguna teoría dejará de ser revaluada, por genial que sea – como es el caso de la ley de la gravedad de ese monstruo intelectual que fue Newton –. Por eso podemos decir que, lamentablemente, nuestros revolucionarios son culturalmente conservadores. Se desarrollan en estanques, no en ríos en movimiento que depure y oxigene sus aguas.
 
El llamado socialismo del siglo XXI es una especie de reciclaje teórico que se quedó a la zaga del pensamiento científico de hoy. Es difícil encontrar novedad en el pensamiento político de la izquierda. Se lee y se releen las mismas afirmaciones sobre las cuales se realizan grandes debates de principios, que son polémicas a muerte,  sin pensar ni preocuparse por si son esas las ideas que despiertan las emociones colectivas. ¡No! Lo que importa es profundizar elegantemente en las ideas y las motivaciones de sus autores.
 
Pues bien, al concurrir a las reuniones del grupo que tomó el nombre de Consejo Nacional Pro Constituyente, siendo invitada por el compañero Sebastián González, me sentí profundamente reconocida por su amabilidad y atraída por la idea de que los que nos íbamos a reunir y con quienes íbamos a trabajar éramos quienes no habíamos sido atraídos por el SI de Santos ni por el NO de Uribe, o sea los abstencionistas o los que anularon su voto. Pensé que la tarea y el objetivo era interpretar y movilizar a ese 62% de colombianos que, no por haberle dado la espalda a las urnas, dejaban de ser ciudadanos inconformes con la situación nacional.
 
Pero no.  A quien priorizaron como interlocutores, mediante  elaborado manifiesto que expresa las inquietudes de algunos de los que conforman el grupo, fue “a la comunidad nacional e internacional”.
 
Con total sencillez les  digo, a mi me interesa “un pito” dirigirme a la comunidad internacional, o sea, a todos los seres planetarios del exterior y pienso, sinceramente, que a ellos tampoco los puede “tocar” un manifiesto que plantea la voluntad de un grupo sin ningún poder político, con ideas que son de común conocimiento general.
 
Tampoco me interesa dirigirme a la “comunidad nacional” que incluye a la oligarquía, al Sindicato Antioqueño, a las Iglesias, a los equipos de fútbol y muy lejanamente, tal vez al pueblo, aún cuando creo que las ideas allí consignadas no son su preocupación.
 
Repito entonces con Gaitán: “Yo no creo en el destino mesiánico o providencial de los hombres. No creo que por grandes que sean las cualidades individuales, haya nadie capaz de lograr que sus pasiones, sus pensamiento o sus determinaciones sean la pasión, la determinación y el pensamiento del alma colectiva. No creo que exista ni en el pretérito ni en el presente un hombre capaz de actuar sobre las masas como el cincel del artista que confiere caracteres de perennidad a la materia inerte. El dirigente de los grandes movimientos populares es aquel que posee una sensibilidad, una capacidad plástica para captar y resumir en un momento dado el impulso que labora en el agitado sub-fondo del alma colectiva; aquel que se convierte en antena hasta donde ascienden a buscar expresión, para luego volver metodizadas al seno de donde han salido, las demandas de lo moral, de lo justo, de lo bello, en el legítimo empeño humano de avanzar hacia mejores destinos”.
 
Por lo tanto, yo me acerqué al grupo pensando que íbamos a hacer el papel de “antena” de las grandes mayorías abstencionistas para reunirlas, hacerlas visibles, interpretar sus anhelos y quereres, pero lo que me encontré fue con un grupo que quiere hacer conocer internacionalmente sus propias ideas, sin importar si interpretan el querer popular y si sirven para movilizar, aglutinar y organizar a los descontentos, a quienes las sutilezas del pensamiento dialéctico y jurisprudencial no los conmueve ni los mueve.
 
Seguiré buscando a quienes les interesen las inquietudes de los abstencionistas para ver si ese 62% de los colombianos se moviliza y repetimos en el siglo XXI el fenómeno Gaitán, que derrotó en las urnas a los partidos tradicionales de ese entonces: el liberal, el conservador y el comunista, gracias al despertar de la pasión popular
 
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