“Cuando dos mundos se miran: la travesía que unió a Bogotá con Washington”

Por. Editson Romero Angulo
Periodista.

El encuentro entre Gustavo Petro y Donald Trump en Washington se convirtió en un hito diplomático: la reunión inicialmente prevista para 40 minutos se extendió por más de dos horas en la Casa Blanca, con un tono positivo y gestos de acercamiento entre ambos mandatarios. Petro viajó a Estados Unidos el 2 de febrero de 2026 y regresó a Colombia el 5 de febrero tras cumplir una agenda oficial que incluyó reuniones con líderes eclesiásticos y con el Consejo Permanente de la OEA.

 

El avión presidencial se elevó sobre el cielo gris de Bogotá como un pájaro que abandona la montaña para internarse en otro horizonte. En la pista quedaban los saludos protocolarios, las manos agitadas, los rostros que se despedían con una mezcla de esperanza y desconfianza. El viaje no era solo un desplazamiento físico: era la travesía hacia un territorio donde las palabras pesan más que los gestos, y donde cada minuto puede alterar el curso de la historia. En Washington, la ciudad se mostraba fría y solemne, con sus avenidas rectas y sus edificios que parecen custodiar secretos. 

El presidente colombiano entró en la Casa Blanca con la conciencia de que allí se mide la fuerza de las naciones no por la extensión de sus tierras, sino por la densidad de sus silencios. El encuentro, previsto como un breve intercambio, se transformó en una conversación larga, casi inesperada, como si el tiempo hubiera decidido detenerse para escuchar.

Las dos figuras se miraron con la cautela de quienes saben que representan mundos distintos, pero también con la necesidad de encontrar un puente. El anfitrión, con gestos calculados, ofreció símbolos de cercanía; el visitante respondió con palabras que buscaban abrir caminos. Hablaron de seguridad, de fronteras, de un vecino en crisis, de la lucha contra un enemigo invisible que se esparce en polvo blanco. Cada frase era un ladrillo en la construcción de una relación que, hasta entonces, parecía improbable.


Al salir, el aire de Washington se impregnaba de un extraño optimismo. El presidente colombiano se reunió con líderes espirituales, como si buscara que la fe acompañara lo que la política apenas esbozaba. Luego, en el salón solemne de la OEA, las banderas alineadas recordaban que América es un mosaico de voces que rara vez se escuchan en armonía.

El regreso a Bogotá fue discreto, sin estridencias. El avión descendió sobre la sabana como quien vuelve de un largo sueño. En su interior viajaba no solo un hombre, sino la memoria de un encuentro que había durado más de lo previsto, que había dejado gestos y palabras suspendidas en el aire. La crónica de ese viaje no se mide en comunicados oficiales ni en cifras: se mide en la sensación de que, por un instante, dos mundos se miraron y decidieron hablar.


Los hechos de esta extraordinaria ocasión fueron así:

 


Partida desde Bogotá

  • Fecha de salida: 2 de febrero de 2026.
  • Lugar: Aeropuerto El Dorado, Bogotá.
  • El presidente Gustavo Petro emprendió viaje hacia Washington acompañado por la canciller Rosa Villavicencio y el embajador Daniel García-Peña. La comitiva oficial llevaba como objetivo central la reunión bilateral con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca.

La llegada a Washington

  • Petro arribó en la mañana del 2 de febrero y se instaló en la sede diplomática de Colombia en Washington.
  • La agenda oficial se extendía hasta el 5 de febrero, con actividades institucionales, académicas y comunitarias.

El encuentro en la Casa Blanca

  • Fecha: 3 de febrero de 2026.
  • Hora: 11:00 a. m.
  • Duración: más de dos horas (cuando se esperaba solo 40 minutos).
  • Participantes:
    • Por Colombia: Gustavo Petro, canciller Rosa Villavicencio, embajador Daniel García-Peña.
    • Por EE. UU.: Donald Trump, secretario de Estado Marco Rubio, secretario de Guerra Pete Hegseth.
  • Tono del encuentro: positivo, con gestos de cordialidad. Trump obsequió a Petro una tarjeta con la frase “Yo amo Colombia” y expresó públicamente que fue “un gran honor” reunirse con él.
  • Temas tratados: cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico, situación en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, y fortalecimiento de relaciones bilaterales.


Agenda posterior en Washington

  • Tras la reunión, Petro se reunió con líderes eclesiásticos en la sede diplomática de Colombia.
  • El 4 de febrero fue recibido por el Consejo Permanente de la OEA en el Salón de las Américas.

 El regreso a Colombia

  • Fecha: 5 de febrero de 2026.
  • Petro concluyó su agenda oficial y retornó a Bogotá, cerrando un viaje que marcó un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.

El viaje concluyó con el regreso sereno a la sabana bogotana, donde el eco de las conversaciones sostenidas aún parecía acompañar al presidente en su descenso. No fue solo una visita diplomática, sino un tránsito por símbolos, gestos y silencios que dejaron la impresión de que, por un instante, las distancias entre dos mundos se acortaron. El viaje y encuentro se cierra con la certeza de que lo vivido no se mide en protocolos ni comunicados, sino en la huella invisible que deja todo encuentro cuando logra abrir un resquicio de diálogo en medio de la incertidumbre.