“Bogotá se viste de letras: la FILBo 2026 convierte la ciudad en capital literaria”

Crónica de la FILBo 2026: entre banderas, carpas y pabellones

Por Editson Romero Angulo

Periodista

Bogotá, abril de 2026.


La tarde bogotana recibe a los visitantes con la bandera tricolor ondeando sobre la avenida 26. El arco monumental de Corferias se levanta como un umbral simbólico: detrás de él, la ciudad se transforma en feria, en palabra, en encuentro. La multitud avanza con paso expectante, como si cruzar ese portal significara entrar a otra dimensión: la de los libros.

En la explanada, la CORFERIAS vibra con voces y risas. Allí se mezclan estudiantes, familias y curiosos que buscan refugio en la literatura. Las fotografías que circulan en redes muestran el ambiente festivo: niños pintando, jóvenes tomando notas, adultos escuchando atentos a un recital. El aire se llena de murmullos, de páginas que se abren y de conversaciones que se cruzan como hilos invisibles.

Al recorrer los pabellones, la feria se convierte en un mosaico. En un stand colorido, los carteles de Bitácoras atraen a los visitantes con ilustraciones vibrantes y libros que parecen escapar de sus portadas. Los expositores sonríen mientras explican sus proyectos, y los lectores hojean con cuidado, como si cada página fuera un hallazgo.

Más adelante, el pabellón de India despliega su riqueza cultural: telas bordadas, caligrafías en múltiples lenguas, fotografías de escritores y cineastas. La literatura se acompaña de música y danza, recordando que las palabras también tienen cuerpo. En contraste, el espacio de Boyacá ofrece imágenes de páramos y campesinos, relatos que evocan la raíz de la tierra y la memoria de la región.



La feria es un recorrido de contrastes: lo global y lo local, lo académico y lo popular, lo infantil y lo adulto. Cada pasillo es un viaje distinto. Los visitantes se detienen frente a conferencias, talleres y presentaciones; algunos toman fotografías para compartir en redes, otros simplemente se dejan llevar por la experiencia.

Al caer la noche, la salida por la calle 26 devuelve a los asistentes a la ciudad real. Muchos cargan bolsas llenas de libros; otros llevan solo uno, pero lo sostienen con la certeza de que será compañía en los días venideros. La FILBo, como cada año, deja la sensación de que Bogotá se convierte en capital literaria, donde escuchar y leer son gestos de resistencia y encuentro.