El oportunismo disfrazado de democracia

Por. Editson Romero Angulo
Periodista


La política colombiana vuelve a mostrar sus grietas con la millonaria reposición de votos que recibirá Claudia López tras su participación en las consultas presidenciales del 8 de marzo. Según lo reportado en la plataforma Cuentas Clara, López gastó más de 5.000 millones de pesos en su campaña, y será precisamente esa cifra la que el Estado le devolverá, pues la norma establece que la reposición depende de los gastos reportados y no de la totalidad de los votos depositados en las urnas. 

 

El mecanismo, diseñado para garantizar equidad en la competencia electoral, termina siendo aprovechado como un cálculo financiero: quien más invierte, más recibe. López obtendrá una suma que supera con creces la de otros candidatos, incluso más del doble que Paloma Valencia.

 

El oportunismo se evidencia en la contradicción entre el discurso de austeridad y transparencia que ha caracterizado a López y la práctica de una campaña multimillonaria que ahora se traduce en una devolución igualmente cuantiosa. La coherencia política se diluye cuando la democracia se convierte en un negocio rentable, donde las inversiones de campaña se recuperan como si fueran apuestas seguras. 

Mientras miles de colombianos enfrentan precariedad económica, la política se convierte en un espacio donde los cálculos de costo-beneficio pesan más que la convicción. 

El oportunismo no está en participar, sino en capitalizar un sistema que debería fortalecer la democracia, no engordar cuentas bancarias. 

La pregunta de fondo es si los ciudadanos seguirán tolerando que la política se reduzca a un juego de inversiones y retornos. Porque más allá de los nombres propios, lo que está en juego es la credibilidad de un sistema que premia la inversión antes que la convicción.