Periodista
El mecanismo, diseñado para
garantizar equidad en la competencia electoral, termina siendo aprovechado como
un cálculo financiero: quien más invierte, más recibe. López obtendrá una suma
que supera con creces la de otros candidatos, incluso más del doble que Paloma
Valencia.
El oportunismo se evidencia en
la contradicción entre el discurso de austeridad y transparencia que ha
caracterizado a López y la práctica de una campaña multimillonaria que ahora se
traduce en una devolución igualmente cuantiosa. La coherencia política se
diluye cuando la democracia se convierte en un negocio rentable, donde las
inversiones de campaña se recuperan como si fueran apuestas seguras.
Mientras miles de colombianos enfrentan precariedad económica, la política se convierte en un espacio donde los cálculos de costo-beneficio pesan más que la convicción.
El oportunismo no
está en participar, sino en capitalizar un sistema que debería fortalecer la
democracia, no engordar cuentas bancarias.
La pregunta de fondo es si los
ciudadanos seguirán tolerando que la política se reduzca a un juego de
inversiones y retornos. Porque más allá de los nombres propios, lo que está en
juego es la credibilidad de un sistema que premia la inversión antes que la
convicción.