Opinión: El tarjetón como espejo de la democracia colombiana

Por. Editson Romero Angulo

Periodista





















La presentación oficial del tarjetón presidencial por parte de la Registraduría no es un simple acto administrativo: es un símbolo de cómo se organiza y se percibe la democracia en Colombia. El orden en que aparecen los candidatos, aunque definido por sorteo y sin implicaciones legales de ventaja, sí tiene un impacto en la forma en que los ciudadanos se aproximan a la elección.


El tarjetón es la primera imagen que recibe el votante en la urna. Allí no solo se condensan nombres y fórmulas vicepresidenciales, sino también proyectos de país, narrativas políticas y expectativas sociales. Que un candidato aparezca en la primera fila o en la última puede parecer irrelevante, pero en la práctica influye en la recordación y en la manera en que el elector recorre visualmente las opciones.

Más allá de la técnica del sorteo, lo que este tarjetón refleja es la diversidad de voces que hoy disputan el rumbo de Colombia: desde sectores tradicionales hasta apuestas emergentes, desde discursos de continuidad hasta propuestas de ruptura. Cada recuadro es un fragmento de la pluralidad política que caracteriza al país.

Sin embargo, el verdadero reto no está en el diseño del tarjetón, sino en la capacidad de los ciudadanos de leerlo críticamente. La democracia no se juega en el orden de los nombres, sino en la conciencia con que se marca la X. El tarjetón es un espejo: muestra lo que somos como sociedad y lo que aspiramos a ser.