Por. Editson Romero Angulo
Periodista
El espectáculo del poder en Colombia
El bufón que domina la escena
En ese teatro aparece el showman Abelardo de la Espriella,
abogado de verbo incendiario y gestos calculados, que ha hecho de la
provocación su oficio. Su figura no se mide por la solidez de sus argumentos,
sino por la capacidad de convertir cada aparición en espectáculo. La toga, que
debería simbolizar respeto y justicia, se transforma en disfraz de actor
principal en un circo mediático.
El público hipnotizado
El problema no es solo la existencia de estos
personajes, sino la fascinación colectiva que despiertan. Como si el país
entero estuviera hipnotizado, se aplaude la irreverencia y se confunde la
insolencia con valentía. La política se convierte en un carnaval donde se
ridiculiza la justicia, se trivializa la ética y se convierte la palabra en
mercancía.
El espejo de la sociedad
La pornopolítica es, en el fondo, un espejo de
nuestra sociedad: revela el hambre de espectáculo, la sed de escándalo y la
fragilidad de nuestras instituciones. Mientras los verdaderos problemas del
país se acumulan como montañas de papeles olvidados, el show continúa. Y en ese
escenario, los bufones del poder se sienten seguros, porque saben que mientras
haya público dispuesto a mirar, la función nunca terminará.
Conclusión:
El fenómeno de la pornopolítica no es un accidente, es el síntoma de una
democracia que ha confundido el ruido con el debate y la fama con el liderazgo.
El showman de la toga es apenas el rostro visible de una enfermedad más
profunda: la conversión de la política en espectáculo, donde lo que importa no
es gobernar, sino entretener.