Un cronista libre en el megatemplo del poder regional

Redacción. Editson Romero Angulo
Periodista cundinamarqués


El frío de la madrugada todavía calaba en los huesos cuando Editson Romero Angulo ajustó su chaqueta y cerró la puerta de su casa en la vereda de San Francisco, en Choachí. Eran pasadas las cinco de la mañana de este lunes 26 de octubre de 2026. Para un periodista de provincia, el oficio no conoce de distancias ni de lujos; se nutre de la terquedad de buscar la noticia allí donde se decide el destino de la gente. Llevaba consigo una libreta gastada, un bolígrafo de tinta negra y la credencial invisible pero pesada de EL HUMANITARIO. Periodismo Libre e Independiente (ISSN 1900-7183). Su misión era silenciosa: registrar la sexta mesa regional del Plan Nacional de Desarrollo 2026–2030 sin más armas que su agudeza visual.

El viaje desde el Oriente cundinamarqués hasta la capital fue el primer acto de su reportería. Mientras el bus serpenteaba los cerros orientales, Editson pensaba en el contraste de los mundos: atrás quedaba la niebla del campo y adelante se abría la masa de cemento de Bogotá, el destino final del agua que sus vecinos cuidan en la montaña.

A las ocho en punto de la mañana, Romero cruzó el umbral del Teatro G12, en la Carrera 31 n.º 22B-60. El lugar ya era un hervidero de trajes impecables, escoltas de civil, murmullos de pasillo y el destello de las cámaras de los grandes medios nacionales. Editson, con el calzado empolvado por el camino vecinal, se mimetizó entre la multitud. Pasó completamente inadvertido para los organizadores y las oficinas de prensa que repartían comunicados oficiales con sonrisas ensayadas. No le importaba. Para un reportero de su estirpe, la invisibilidad es un privilegio; permite ver la realidad sin el filtro del protocolo.

Se acomodó en una esquina lateral del auditorio. Desde allí, durante cinco horas exactas, hasta que el reloj marcó la una de la tarde, permaneció inmóvil, devorándose el evento con los ojos y los oídos bien abiertos.

El momento cumbre llegó cuando el gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, subió al atril. Editson aguzó el oído y su bolígrafo comenzó a correr febrilmente sobre el papel. Escuchó al mandatario desglosar las tres prioridades que definirían el futuro de la región central en el próximo cuatrienio.

“El fortalecimiento de las interdependencias regionales requiere una planeación conjunta que responda al crecimiento de la población y a las necesidades que compartimos”, resonó la voz de Rey en los parlantes del G12. El gobernador hablaba mirando de reojo al alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, sellando un pacto implícito de vecindad.

Editson anotó los detalles técnicos de la primera gran apuesta: la conectividad y el transporte. Vio cómo la geopolítica local se dibujaba en la libreta al registrar los macroproyectos estratégicos: la navegabilidad del río Magdalena, la eterna promesa de la doble calzada Villeta–Guaduas, la urgencia de una transitabilidad permanente en la siempre inestable vía al Llano, y alternativas de conectividad como el corredor Ubalá–Mámbita. Pero lo que más llamó su atención, pensando en la infraestructura aeroportuaria, fue la propuesta de modernizar el corredor férreo y destrabar la factibilidad de la segunda pista de El Dorado, un plan que amarraba la proyección de la calle 63 hacia el occidente del departamento.


El segundo eje de la intervención de Rey tocó las fibras más profundas del periodista de Choachí. El gobernador habló del campo, del sudor de la tierra. Propuso agroindustrialización, acceso real a financiación para los pequeños productores, mejor mecanización y la reducción de la intermediación en la venta, esa misma intermediación que a veces ahoga a los campesinos de la vereda San Francisco. Romero anotó cada palabra con rigor, sabiendo el eco que esas promesas tendrían en las manos de sus lectores rurales.


Finalmente, el tercer eje cerró la pinza institucional: la planeación conjunta entre Bogotá y Cundinamarca para encarar los monstruos de la movilidad, la seguridad y el agua, un recurso vital que une umbilicalmente a la capital con la provincia.

Antes de bajar del escenario, Jorge Rey extendió un agradecimiento público al presidente de la República y al director general del Departamento Nacional de Planeación (DNP) por abrir estos espacios de diálogo directo para la formulación del plan 2026–2030, dejando claro que la agenda de Cundinamarca ya estaba oficialmente sobre la mesa nacional.

A la una de la tarde, las luces del Teatro G12 comenzaron a apagarse para el público general y los círculos de políticos se disolvieron hacia sus camionetas blindadas. Editson Romero Angulo guardó su libreta en el bolsillo interior de la chaqueta. Nadie le pidió una declaración, nadie lo entrevistó a él, nadie notó su presencia. Salió al sol del mediodía bogotano con el botín más precioso para un periodista independiente: la información pura, directa y sin intermediarios. Mañana, los habitantes de las veredas leerán la verdad del poder en las páginas de EL HUMANITARIO. Su viaje había valido la pena.

 

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