Un cronista libre en el megatemplo del poder regional
El viaje desde el Oriente
cundinamarqués hasta la capital fue el primer acto de su reportería. Mientras
el bus serpenteaba los cerros orientales, Editson pensaba en el contraste de
los mundos: atrás quedaba la niebla del campo y adelante se abría la masa de
cemento de Bogotá, el destino final del agua que sus vecinos cuidan en la
montaña.
A las ocho en punto de la mañana,
Romero cruzó el umbral del Teatro G12, en la Carrera 31 n.º 22B-60. El lugar ya
era un hervidero de trajes impecables, escoltas de civil, murmullos de pasillo
y el destello de las cámaras de los grandes medios nacionales. Editson, con el
calzado empolvado por el camino vecinal, se mimetizó entre la multitud. Pasó
completamente inadvertido para los organizadores y las oficinas de prensa que
repartían comunicados oficiales con sonrisas ensayadas. No le importaba. Para
un reportero de su estirpe, la invisibilidad es un privilegio; permite ver la
realidad sin el filtro del protocolo.
Se acomodó en una esquina lateral
del auditorio. Desde allí, durante cinco horas exactas, hasta que el reloj
marcó la una de la tarde, permaneció inmóvil, devorándose el evento con los
ojos y los oídos bien abiertos.
El momento cumbre llegó cuando el gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, subió al atril. Editson aguzó el oído y su bolígrafo comenzó a correr febrilmente sobre el papel. Escuchó al mandatario desglosar las tres prioridades que definirían el futuro de la región central en el próximo cuatrienio.
“El fortalecimiento de las
interdependencias regionales requiere una planeación conjunta que responda al
crecimiento de la población y a las necesidades que compartimos”, resonó la voz
de Rey en los parlantes del G12. El gobernador hablaba mirando de reojo al
alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, sellando un pacto implícito de
vecindad.
Editson anotó los detalles
técnicos de la primera gran apuesta: la conectividad y el transporte. Vio cómo
la geopolítica local se dibujaba en la libreta al registrar los macroproyectos
estratégicos: la navegabilidad del río Magdalena, la eterna promesa de la doble
calzada Villeta–Guaduas, la urgencia de una transitabilidad permanente en la
siempre inestable vía al Llano, y alternativas de conectividad como el corredor
Ubalá–Mámbita. Pero lo que más llamó su atención, pensando en la
infraestructura aeroportuaria, fue la propuesta de modernizar el corredor
férreo y destrabar la factibilidad de la segunda pista de El Dorado, un plan
que amarraba la proyección de la calle 63 hacia el occidente del departamento.
El segundo eje de la intervención de Rey tocó las fibras más profundas del periodista de Choachí. El gobernador habló del campo, del sudor de la tierra. Propuso agroindustrialización, acceso real a financiación para los pequeños productores, mejor mecanización y la reducción de la intermediación en la venta, esa misma intermediación que a veces ahoga a los campesinos de la vereda San Francisco. Romero anotó cada palabra con rigor, sabiendo el eco que esas promesas tendrían en las manos de sus lectores rurales.
Finalmente, el tercer eje cerró la pinza institucional: la planeación conjunta entre Bogotá y Cundinamarca para encarar los monstruos de la movilidad, la seguridad y el agua, un recurso vital que une umbilicalmente a la capital con la provincia.
Antes de bajar del escenario,
Jorge Rey extendió un agradecimiento público al presidente de la República y al
director general del Departamento Nacional de Planeación (DNP) por abrir estos
espacios de diálogo directo para la formulación del plan 2026–2030, dejando
claro que la agenda de Cundinamarca ya estaba oficialmente sobre la mesa
nacional.
A la una de la tarde, las luces
del Teatro G12 comenzaron a apagarse para el público general y los círculos de
políticos se disolvieron hacia sus camionetas blindadas. Editson Romero Angulo
guardó su libreta en el bolsillo interior de la chaqueta. Nadie le pidió una
declaración, nadie lo entrevistó a él, nadie notó su presencia. Salió al sol
del mediodía bogotano con el botín más precioso para un periodista
independiente: la información pura, directa y sin intermediarios. Mañana, los
habitantes de las veredas leerán la verdad del poder en las páginas de EL
HUMANITARIO. Su viaje había valido la pena.



