Colombia ante la encrucijada de la polarización

Por. Editson Romero Angulo
Periodista




Editorial 

La realidad política colombiana atraviesa un momento de tensión extrema. La elección de figuras como Abelardo de la Espriella y los llamados de Iván Cepeda a la desobediencia civil han encendido un debate que trasciende lo jurídico y lo electoral: se trata de la legitimidad de las instituciones y de la capacidad de la sociedad para convivir en medio de la diferencia.

 Polarización y riesgo de violencia

La polarización no es nueva en Colombia, pero hoy se manifiesta con una intensidad que amenaza con desbordarse hacia la violencia. Los discursos que instigan al odio, financiados y amplificados en ciertos sectores, ponen en riesgo la convivencia democrática. La historia enseña que cuando la política se convierte en guerra de trincheras, la sangre suele reemplazar al diálogo.

🌎 Conversaciones internacionales

En este contexto, la interlocución del presidente Gustavo Petrto con líderes internacionales adquiere relevancia. La reciente conversación con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, refleja tanto la preocupación por la estabilidad regional como la necesidad de apoyo externo para evitar que la fractura social se convierta en conflicto abierto. El reconocimiento de programas como la sustitución voluntaria de cultivos de coca —financiado hasta diciembre de 2026— muestra que existen esfuerzos concretos por transformar la realidad rural sin recurrir a la violencia.

La reunión con el máximo jerarca de la Iglesia católica, León XIV CON EL Señor presidente Gustavo Petro , añade una dimensión espiritual a la crisis. En un país donde la fe sigue siendo un referente moral y social, el llamado del pontífice a la reconciliación y al respeto por la dignidad humana se convierte en un contrapeso frente a la polarización política. La voz de la Iglesia, cuando se alinea con la defensa de la vida y la paz, puede ser un factor decisivo para evitar que el odio se traduzca en violencia.

️ Entre Bolívar y Washington

El recordatorio de que Simón Bolívar llevó hasta su muerte un mechón de George Washington es más que un símbolo histórico: es la constatación de que los ideales de libertad y unidad continental siguen siendo referencia. Sin embargo, la distancia entre esos ideales y la práctica política actual es abismal. La polarización en los cinco países que Bolívar soñó unir refleja que la tarea inconclusa de la independencia es hoy la construcción de sociedades capaces de convivir en la diferencia.

️ Conclusión

Colombia necesita un pacto de convivencia que supere la lógica de vencedores y vencidos. La desobediencia civil, cuando se convierte en herramienta de confrontación, puede ser legítima en la protesta, pero peligrosa si se transforma en combustible para la violencia. El reto es enorme: evitar que el odio se imponga sobre la esperanza y que la política deje de ser un campo de batalla para convertirse en un espacio de construcción colectiva.