Chocó Resiste: Reconstrucción sin Estado, Solidaridad sin Espera

 


El Espectáculo de la Negligencia: La Radiografía del Fracaso Administrativo ante la Tragedia

Por. Editson Romero Angulo
Periodista e Investigador Social

El liderazgo no se mide en las notas de un aria italiana ni en la rigidez de un sastre a la medida; se demuestra cuando la tierra se abre y el Estado debe sostener a sus ciudadanos. Apenas tres días después de asumir la jefatura de Estado, el gobierno de Abelardo de la Espriella se topó de frente con la realidad implacable de un país en crisis tras el devastador terremoto del Pacífico y el suroccidente colombiano. El resultado no ha sido el despliegue de una gerencia pública articulada, sino una dolorosa exhibición de improvisación, personalismo y una alarmante desconexión con el dolor nacional.

Lo que Colombia ha atestiguado en las últimas semanas es el peligro de confundir el ejercicio del poder con una tarima de propaganda. Frente a una emergencia que exigía rigor técnico y empatía real, la respuesta oficial se ha ahogado en la soberbia y el espectáculo.

1. El Oportunismo de la Pelota: Balones Donde Falta Techo

El episodio de Buenaventura quedará registrado como uno de los capítulos más lamentables de la historia reciente de la asistencia humanitaria en el país. Mientras cientos de familias damnificadas dormían a la intemperie, sin acceso a agua potable, alimentos básicos ni atención médica, la comitiva presidencial desembarcó en el puerto para entregar balones de fútbol y uniformes deportivos impresos con los logos y referencias de su movimiento político.


[ Crisis Humanitaria ] ──( Exigía )──> Techo, Agua, Comida, Salud

[ Respuesta Oficial ]  ──( Entregó )─> Balones de fútbol con marca política

La comunidad, con justa razón, tildó el acto de una "miserableza". Convertir un centro de acopio de tragedias en un mitin de campaña extemporáneo no es solidaridad; es clientelismo puro y duro disfrazado de caridad. Utilizar el hambre y el desarraigo de una población históricamente olvidada para inflar el ego de una marca política demuestra una preocupante desconexión con las prioridades humanas básicas.


2. Soberbia de Estado: El Rechazo a la Ayuda Internacional

Con una cifra trágica que ya supera los 265 muertos y miles de heridos, cualquier administrador público con un mínimo de sensatez habría volcado todos los recursos globales disponibles para salvar vidas bajo los escombros. Sin embargo, el ejecutivo optó por la vía del nacionalismo mal entendido y la arrogancia, cerrando la puerta a la cooperación internacional y rechazando el apoyo de expertos rescatistas extranjeros y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Esta decisión, motivada aparentemente por un celo ideológico de autosuficiencia, tuvo un costo directo en el terreno:

  • Retraso crítico: Las labores de remoción de masa y búsqueda técnica se ralentizaron por falta de tecnología especializada.
  • Aislamiento logístico: Se privó a los comités locales de asistencia técnica y médica que habrían aliviado el colapso hospitalario en Buenaventura y Quibdó.

La soberbia en la gestión pública no es una postura ideológica respetable; es una negligencia que cuesta vidas.


3. Las Prioridades de la Vanidad: Honores Militares en el Epicentro del Dolor

La comunicación gubernamental durante una catástrofe debe centrarse exclusivamente en las víctimas, las rutas de evacuación y los balances de asistencia. No obstante, el país vio con indignación cómo los canales oficiales difundían videos minuciosamente editados del mandatario recibiendo pomposos honores militares en medio de la emergencia.

Mientras los socorristas arañaban la tierra buscando sobrevivientes, la narrativa presidencial se enfocaba en proyectar poder, rígidos protocolos y discursos cargados de un misticismo religioso que poco ayuda a remover escombros. La escena no proyectó autoridad; proyectó una insondable vanidad y una total incapacidad para sintonizar con el luto de una nación.


4. Parálisis Institucional e Improvisación en el Riesgo

Es cierto que ningún gobierno puede predecir un sismo de gran magnitud, y menos a 72 horas de su posesión. Pero la vulnerabilidad del Estado no radicó en el azar de la naturaleza, sino en el desmantelamiento operativo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) debido a la centralización absoluta de las decisiones.

  • Falta de articulación: La obsesión por filtrar al personal y purgar cualquier rezago técnico de la administración anterior paralizó los mandos medios.
  • Estilo personalista: Al concentrar toda la vocería y la toma de decisiones en la figura del presidente, los comités regionales de emergencia quedaron atados de manos esperando órdenes de Bogotá, ralentizando los despachos de ayuda humanitaria real.

5. Balance de la Gestión de Emergencia

Componente Crítico

Acción de la Administración

Impacto y Percepción Social

Ayuda Inmediata

Distribución de balones de fútbol con branding político.

Calificado de inútil y oportunista ante el hambre y la falta de techo.

Cooperación Exterior

Rechazo tajante a los rescatistas y asistencia de la ONU.

Ralentización de rescates y pérdida de soporte técnico vital.

Estrategia de Medios

Difusión de honores militares y discursos de tinte religioso.

Percepción de desconexión, vanidad y uso del dolor como propaganda.

Liderazgo Técnico

Centralización absoluta y purga en los equipos de socorro.

Improvisación rampante y parálisis en los despachos de la UNGRD.

Conclusión: El Fracaso de la Política del Espectáculo


El debut de Abelardo de la Espriella ante las crisis reales de la administración pública ha dejado al descubierto las costuras de un modelo basado en el espectáculo y la gesticulación vacía. Gobernar un país quebrado por la geografía y la desigualdad requiere de un liderazgo sobrio, de equipos técnicos altamente coordinados y de una empatía desprovista de logotipos partidistas.

Lo que la ciudadanía recibió a cambio fue populismo simbólico, soberbia institucional y una profunda incompetencia administrativa. Si el manejo de esta tragedia es el espejo de lo que serán los próximos cuatro años, Colombia se enfrenta a un escenario donde la propaganda siempre estará por encima de la vida de sus ciudadanos.



 


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