“Colombia decide: De la Espriella vs. Cepeda, la batalla final por la Casa de Nariño”

Por. Editson Romero Angulo
Periodista



La democracia en disputa: entre la manada y la resistencia

Por. Editson Romero Angulo
Periodista 

Un país en la encrucijada de mito y poder

 Resultados y tensiones


La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia ha dejado al descubierto no solo la pugna entre dos proyectos políticos, sino también las tensiones estructurales de una democracia que se debate entre la institucionalidad proclamada y la desconfianza sembrada. Abelardo de la Espriella, con el 43,7% de los votos, e Iván Cepeda, con el 40,9%, encarnan dos polos que no son meramente electorales: representan visiones antagónicas de país, de poder y de historia.

El resultado, celebrado por Abelardo de la Espriella como la victoria de “los nunca” —es decir, aquellos que él presenta como marginados del sistema, aunque en realidad se trata de las viejas clases privilegiadas que buscan recuperar su hegemonía— y cuestionado por Iván Cepeda y el presidente Petro como un desfase de 850.000 cédulas en el censo, abre un escenario donde la política se convierte en un campo de batalla simbólico. Allí, cada voto no solo representa una cifra, sino una narrativa de poder: la de quienes reclaman ser excluidos y la de quienes denuncian irregularidades en el conteo.

 

Institucionalidad vs. desconfianza


La Registraduría, la Federación de Municipios y la Federación Nacional de Departamentos proclaman la “solidez” del proceso, la transparencia y la confianza en las reglas democráticas. El Consejo Gremial pide respeto por los resultados. Pero estas voces, que apelan a la unidad y a la neutralidad, parecen chocar contra la realidad de un país polarizado, donde el presidente Gustavo Petro rechaza el preconteo y denuncia la manipulación de algoritmos, mientras De la Espriella llama al Ejército a “activar el mecanismo constitucional” si se desconoce la voluntad popular.

 

Narrativas en confrontación


La segunda vuelta del 21 de junio no será simplemente un trámite electoral. Será la confrontación entre dos narrativas:

  • La insurgencia institucional, que busca preservar la confianza en las reglas.
  • La insurgencia política, que moviliza pasiones, resentimientos y esperanzas.

No se trata de un debate técnico, sino de un drama histórico: la democracia colombiana se juega su destino en la tensión entre mito y razón, entre pueblo y élite, entre memoria y poder.

Viejas élites y nuevos relatos


La adhesión inmediata de figuras como Álvaro Uribe, Paloma Valencia y Andrés Pastrana al proyecto de De la Espriella revela que la segunda vuelta será también un plebiscito sobre el pasado reciente. El oficialismo, con Cepeda, se aferra a la legitimidad del escrutinio final; la oposición, con De la Espriella, se proclama voz de los “marginados”, aunque en realidad se trate de las viejas élites que buscan reinstalarse como núcleo de poder. En ambos casos, la política se convierte en relato, y el relato en arma.

 

Conclusión

La democracia, entonces, no se reduce al conteo de votos. Es un campo de fuerzas donde la institucionalidad se defiende, la oposición se radicaliza y el oficialismo busca sobrevivir. El 21 de junio no será solo la elección de un presidente: será la elección de un rumbo histórico. Colombia, como tantas veces en su historia, se encuentra ante la encrucijada de decidir si la democracia será un pacto de confianza o un campo de guerra.