Periodista
Un país en la encrucijada de mito y poder
Resultados y tensiones
La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia ha dejado al descubierto no solo la pugna entre dos proyectos políticos, sino también las tensiones estructurales de una democracia que se debate entre la institucionalidad proclamada y la desconfianza sembrada. Abelardo de la Espriella, con el 43,7% de los votos, e Iván Cepeda, con el 40,9%, encarnan dos polos que no son meramente electorales: representan visiones antagónicas de país, de poder y de historia.
El
resultado, celebrado por Abelardo de la Espriella como la victoria de “los
nunca” —es decir, aquellos que él presenta como marginados del sistema, aunque
en realidad se trata de las viejas clases privilegiadas que buscan recuperar su
hegemonía— y cuestionado por Iván Cepeda y el presidente Petro como un desfase
de 850.000 cédulas en el censo, abre un escenario donde la política se
convierte en un campo de batalla simbólico. Allí, cada voto no solo representa
una cifra, sino una narrativa de poder: la de quienes reclaman ser excluidos y
la de quienes denuncian irregularidades en el conteo.
Institucionalidad vs.
desconfianza
Narrativas en
confrontación
La segunda vuelta del 21 de junio no será simplemente un trámite electoral. Será la confrontación entre dos narrativas:
- La insurgencia
institucional, que busca preservar la confianza en las
reglas.
- La insurgencia
política, que moviliza pasiones, resentimientos y
esperanzas.
No
se trata de un debate técnico, sino de un drama histórico: la democracia
colombiana se juega su destino en la tensión entre mito y razón, entre pueblo y
élite, entre memoria y poder.
Viejas élites y nuevos relatos
Conclusión
La
democracia, entonces, no se reduce al conteo de votos. Es un campo de fuerzas
donde la institucionalidad se defiende, la oposición se radicaliza y el
oficialismo busca sobrevivir. El 21 de junio no será solo la elección de un
presidente: será la elección de un rumbo histórico. Colombia, como tantas veces
en su historia, se encuentra ante la encrucijada de decidir si la democracia
será un pacto de confianza o un campo de guerra.