El Proceso de Discernimiento Eclesial: Evolución y Fijación del Canon Bíblico hasta el Siglo XV

 Por. Editson Romero Angulo
Periodista e investigador Social


Resumen

El presente artículo analiza el desarrollo histórico y teológico de la conformación del canon de las Sagradas Escrituras en el seno de la Iglesia cristiana desde los orígenes apostólicos hasta el umbral de la modernidad en el siglo XV. A través de un enfoque documental e histórico-crítico, se examinan los criterios de discernimiento —apostolicidad, ortodoxia y catolicidad— y el papel central de la autoridad eclesial en la definición de un catálogo unificado frente a las divergencias regionales de las tradiciones de Occidente y Oriente.

1. Introducción: El Primado de la Tradición Viva

En el ámbito de la historiografía del cristianismo antiguo, existe un consenso fundamental: la Iglesia primitiva precedió cronológicamente a la compilación de las Sagradas Escrituras. Durante las primeras décadas de la era cristiana, la transmisión de la revelación divina no dependió de un códice unificado, sino de la Tradición Apostólica viva.

Jesucristo no legó un compendio escrito, sino un mandato de predicación oral (kerygma). Por consiguiente, el proceso que condujo a la delimitación de un catálogo oficial de libros sagrados —denominado canon (del griego kanon, que significa vara de medir o norma)— fue un ejercicio de discernimiento institucional y teológico que se prolongó durante varios siglos. Durante los primeros cuatro siglos, los fieles no tenían un único libro compilado; se apoyaban enteramente en la transmisión oral de los apóstoles y sus sucesores.

2. Los Criterios Normativos de Discernimiento Teológico

A partir del siglo II, ante la proliferación de corrientes heterodoxas como el gnosticismo y el marcionismo —que pretendían alterar o suplantar la herencia doctrinal de las comunidades—, los pastores de la Iglesia se vieron en la necesidad de establecer un marco regulatorio. Para dictaminar si un escrito poseía el carácter de Theopneustos (inspirado por Dios), los primeros Concilios y Santos Padres aplicaron tres criterios científicos y teológicos cruzados:

  • Apostolicidad: El documento debía poseer una autoría apostólica directa o estar indisolublemente ligado a la primera generación de discípulos que atestiguaron los acontecimientos de la redención (v.g., Marcos respecto a Pedro; Lucas respecto a Pablo). Bajo este criterio se rechazaron textos como el Evangelio de Tomás o el Evangelio de Pedro, al descubrirse que eran falsificaciones tardías (siglos II o III) que usaban nombres falsos para ganar autoridad.
  • Ortodoxia (La Regula Fidei): El contenido del texto debía alinearse con el núcleo teológico custodiado por la Iglesia. Cualquier escrito que contradijera la verdadera humanidad o divinidad de Cristo, o alterase la concepción monoteísta del Creador, era tipificado como apócrifo y descartado de forma automática.
  • Catolicidad y Uso Litúrgico: El escrito debía gozar de una aceptación universal y una lectura continua en la liturgia (lex orandi, lex credendi) de las grandes sedes apostólicas primitivas (Roma, Alejandría, Antioquía y Jerusalén). Textos como el Pastor de Hermas o la Epístola de Bernabé, aunque se consideraban piadosos, no se integraron al canon porque su lectura litúrgica no gozaba de aceptación universal.

Profundización en la Regula Fidei (Regla de Fe)

La Regula Fidei fue el criterio teológico e interpretativo más importante utilizado por la Iglesia primitiva. Funcionaba como una especie de "ADN teológico" o brújula doctrinal que todo cristiano debía conocer y profesar. Dictaba que las Escrituras no podían interpretarse de forma libre, aislada o caprichosa; cualquier pasaje debía leerse en perfecta armonía con la fe total de la Iglesia.

Para explicar su funcionamiento, el obispo San Ireneo de Lyon (siglo II) ideó la famosa analogía del mosaico del Rey:

Imagina que un artista genial crea un hermoso mosaico que representa la figura de un Rey, utilizando piedras preciosas de muchos colores. De repente, alguien desarma el mosaico, acomoda las mismas piedras de otra forma y construye la figura de un zorro o un perro, afirmando: "¡Miren, este es el cuadro original del Rey!".

Las piedras (que representan las palabras y pasajes de la Biblia) son las mismas, pero el orden y el diseño se han corrompido. El verdadero cristiano es aquel que conserva en su mente el diseño original del Rey (la Regla de Fe). Al ver el dibujo del zorro, identifica inmediatamente el engaño, porque sabe que las piedras no corresponden a la figura auténtica.

3. Hitos Conciliares en la Fijación del Canon de Occidente (Siglo IV)

El siglo IV representó el periodo de maduración jurídica y dogmática del canon en la Iglesia latina. La paz constantiniana (313 d.C.) facilitó la deliberación colegiada de los obispos, permitiendo transitar de un consenso difuso a resoluciones formales.

 

El Decreto de Dámaso I (382)

Bahu el pontificado del Papa Dámaso I, se convocó el Sínodo de Roma, marco en el cual se promulgó el célebre Decreto Damasiano. Este documento contiene el primer listado oficial e integral de la Iglesia de Occidente, reconociendo un total de 73 libros: 46 correspondientes al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo Testamento. Para refrendar este hito, el Pontífice encomendó a San Jerónimo de Estridón la traducción unificada de los manuscritos al latín, proyecto que dio origen a la Vulgata.

Los Concilios Africanos (393 - 397)

La praxis del Sínodo de Roma fue formalizada regionalmente por los Concilios de Hipona (393) y Cartago (397), eventos que contaron con la influyente participación teológica de San Agustín de Hipona. Estas asambleas ratificaron la validez de los libros deuterocanónicos en el Antiguo Testamento, asumiendo la tradición de la Septuaginta griega como la norma de fe escritural para la Iglesia, dado que los propios escritores del Nuevo Testamento la citaron de forma mayoritaria al redactar sus textos.

4. Coexistencia y Divergencias de los Cánones Históricos

Mientras Occidente unificaba sus criterios en torno a la Vulgata, el mundo cristiano medieval estructuró diferentes colecciones debidas a cismas históricos y fragmentación geográfica, manteniendo su vigencia hasta el siglo XV:

Cuadro Comparativo de los Cánones Cristianos Históricos (Época Precristiana y Medieval)

Tradición / Iglesia

Total de Libros

Antiguo Testamento (Base Hebrea / Protocanónicos)

Antiguo Testamento (Libros Adicionales / Deuterocanónicos y más)

Nuevo Testamento (Estructura y Variaciones)

Católica Romana (Occidente)

73

39 libros tradicionales.

7 libros completos: Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida) y Baruc. Añade fragmentos en Ester y Daniel.

27 libros. Fijados formalmente desde el año 382 con la Vulgata de San Jerónimo.

Ortodoxa Oriental (Bizantina / Grecia, Rusia)

76 a 81 (aprox.)

39 libros tradicionales.

Los 7 libros católicos más: 1 Esdras, 3 Macabeos, el Salmo 151 y la Oración de Manasés. En algunas jurisdicciones se añade 4 Macabeos como apéndice.

27 libros. Idéntico al canon católico occidental.

Ortodoxa Tewahedo (Etiopía y Eritrea)

81

39 libros tradicionales.

Los 7 libros católicos más: El Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, 1, 2 y 3 Meqabyan (Macabeos etíopes) y Paralipómenos de Jeremías.

35 libros en total. A los 27 tradicionales suma 8 libros de regulaciones eclesiásticas (Sínodos, Clemente, Didascalia).

Iglesias Orientales Antiguas (Tradición Siriaca)

68 a 73 (Histórico)

39 libros tradicionales.

Divergente por épocas: Históricamente incluía los deuterocanónicos habituales y a veces el Libro de los Clanes o 2 Baruc.

22 libros originalmente en su texto oficial (Peshitta). Excluía de forma tradicional: 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis.

 

 El Periodo Medieval: Producción, Lectura y Distribución (Siglos V-XV)

Durante el medioevo, la evolución del canon no se centró en la alteración de su listado, sino en su estabilización, reproducción artesanal y exégesis.

El Trabajo en el Scriptorium

Cada Biblia era una obra de arte única y costosa realizada por monjes copistas. Se utilizaba pergamino o vitela (piel de becerro nonato). Copiar una Biblia entera a mano tomaba entre seis meses y un año, y su valor equivalía al salario de varios años de un trabajador promedio. Eran bienes de lujo accesibles solo para catedrales, monasterios y la alta nobleza; en las bibliotecas solían estar encadenadas a los pupitres para evitar robos y garantizar su disponibilidad de estudio.

Lectura e Idioma de Élite

La inmensa mayoría de las Biblias occidentales estaban en latín (la versión Vulgata). Dado que el pueblo llano hablaba lenguas vernáculas primitivas y era analfabeto, el conocimiento y la lectura directa del texto sagrado estaba restringido a los clérigos y a la realeza educada.

El Acceso del Pueblo Llano

Para transmitir las Escrituras a la población analfabeta, la Iglesia católica diseñó métodos visuales y auditivos:

  • La Liturgia y la Predicación: Aunque las lecturas litúrgicas oficiales eran en latín, los sacerdotes explicaban los pasajes en la lengua local durante la homilía.
  • La "Biblia de los Pobres" (Biblia Pauperum): Las catedrales funcionaban como libros abiertos. Las vidrieras de colores, las pinturas murales y las esculturas en relieve narraban visualmente la historia de la salvación
  • El Teatro Medieval (Autos Sacramentales): En las plazas públicas se realizaban representaciones teatrales de pasajes clave como la Navidad o la Pasión de Cristo, permitiendo una experiencia comunitaria y auditiva de las Escrituras.

Conclusión

Hacia el siglo XV, en las vísperas de la invención de la imprenta de tipos móviles, la Biblia poseía una estructura plenamente definida y sancionada por la praxis de la Iglesia católica y las comunidades históricas orientales. La historia del canon demuestra que las Sagradas Escrituras no aparecieron de forma autónoma, sino que fueron un producto de la autoconciencia eclesial, la cual, amparada en su autoridad apostólica y en la guía de la Regula Fidei, fijó los límites de la palabra escrita para asegurar la transmisión incorruptible del depósito de la fe.

 

Aparato Crítico: Testimonios de las Fuentes Primarias

A. San Ireneo de Lyon (c. 130 – 202 d.C.)

San Ireneo fue el primer gran sistematizador de la Regula Fidei frente al gnosticismo, demostrando que solo las iglesias de fundación apostólica poseen el marco correcto de lectura.

Cita Textual:


«Si los Apóstoles hubieran conocido misterios ocultos (...), los habrían confiado de manera preferente a aquellos a quienes confiaban las Iglesias mismas. [...] Pero como sería demasiado largo enumerar las sucesiones de todas las Iglesias, nos limitaremos a la Iglesia más grande, más antigua y conocida por todos, fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos Apóstoles Pedro y Pablo, mostrando que la tradición que ella tiene de los Apóstoles y la fe que predica a los hombres han llegado hasta nosotros por la sucesión de los obispos».


San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses (Contra las Herejías), Libro III, 3, 1-2.

  • Análisis Metodológico: Ireneo subraya que la veracidad de un texto o de una doctrina no reside en su libre examen, sino en la coherencia con la cátedra apostólica de Roma, la cual actúa como salvaguarda del diseño original de la Revelación.

B. San Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.)

Como obispo y teólogo fundamental en los concilios africanos, Agustín definió que el criterio último de un libro sagrado es el consenso universal de la Iglesia católica.

Cita Textual:


«En cuanto a las Escrituras canónicas, [el lector] debe seguir la autoridad de la mayor parte de las Iglesias católicas, entre las cuales, por supuesto, están aquellas que merecieron tener sedes apostólicas y recibir epístolas. Por lo tanto, mantendrá esta medida respecto a las Escrituras canónicas: preferirá aquellas que son recibidas por todas las Iglesias católicas a aquellas que algunas no reciben».


San Agustín de Hipona, De Doctrina Christiana (Sobre la Doctrina Científica), Libro II, Cap. 8, 12.

«Yo no creería en el Evangelio si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica».
San Agustín de Hipona, Contra Epistulam Manichaei quam vocant Fundamenti (Contra la Carta del Maniqueo), 5, 6.

  • Análisis Metodológico: Agustín devela el principio hermenéutico católico: la Iglesia es el testigo cualificado que autentifica la Escritura. El canon no se autoimpone; es la autoridad eclesial universal la que le otorga su fuerza de obligatoriedad al creyente.

 

 Glosario Temático

  • Apócrifo (del griego apokryphos, "oculto"): Escritos que, aun pretendiendo autoría sagrada o apostólica, fueron excluidos del canon bíblico oficial debido a su origen dudoso o a desviaciones doctrinales.
  • Canon (del griego kanon, "vara de medir" o "norma"): Catálogo u ordenación oficial de los libros que la Iglesia ha reconocido formalmente como inspirados por el Espíritu Santo.
  • Catolicidad: Nota de universalidad. En el discernimiento del canon, implicaba que un texto debía ser aceptado y proclamado en la liturgia global de la cristiandad.
  • Deuterocanónico (del griego deuteros, "segundo"): Libros del Antiguo Testamento (Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc) que fueron objeto de debate histórico antes de su ratificación definitiva. Su contraparte son los protocanónicos.
  • Kerygma (del griego kerygma, "proclamación"): El núcleo del mensaje evangélico predicado oralmente por los Apóstoles acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.
  • Regula Fidei (latín para "Regla de Fe"): Resumen de las verdades esenciales de la doctrina cristiana transmitidas por tradición oral, usado para juzgar la ortodoxia de los textos.
  • Scriptorium (latín, plural scriptoria): Taller dedicado a la copia, ilustración y encuadernación de manuscritos a mano en los monasterios medievales.
  • Septuaginta (o Biblia de los Setenta, LXX): Traducción al griego de los textos sagrados hebreos y arameos realizada entre los siglos III y II a.C. en Alejandría, muy usada por la Iglesia primitiva.
  • Theopneustos (del griego, "inspirado por Dios"): Concepto teológico que afirma que las Sagradas Escrituras fueron redactadas por autores humanos bajo el influjo directo y la guía del Espíritu Santo.
  • Vulgata: Traducción de la Biblia al latín vulgar realizada por San Jerónimo a finales del siglo IV por encargo del Papa Dámaso I.

 

Bibliografía de Referencia

  • Agustín de Hipona (2000). Sobre la doctrina cristiana. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).
  • Denzinger, H. y Hünermann, P. (2012). Enchiridion Symbolorum: El Magisterio de la Iglesia (43ª ed.). Barcelona: Herder. (Contiene las actas e índices de los concilios de Roma 382, Hipona 393 y Cartago 397).
  • Ireneo de Lyon (1999). Contra las herejías (Adversus Haereses). México D.F.: Editorial Porrúa.
  • Jerónimo de Estridón (2002). Epistolario de San Jerónimo. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).
  • Trebolle Barrera, J. (1998). La Biblia judía y la Biblia cristiana: Introducción a la historia de la Biblia y a la crítica textual. Madrid: Editorial Trotta.

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