Juan Guillermo Ríos: el hombre que convirtió las noticias en una forma de estar cerca de Colombia
Por- Editson Romero Angulo
Periodista e Investigador Social
Crónica biográfica
Hay periodistas que cuentan las noticias y hay otros que, con el paso de los años, terminan formando parte de la memoria de un país. Juan Guillermo Ríos perteneció a estos últimos.
Este
domingo 6 de septiembre de 2026, Medellín volvió a ser el escenario de su
último capítulo. Allí, en la ciudad donde nació y donde transcurrieron sus
primeros años, murió el periodista que durante décadas entró cada noche a los
hogares colombianos y que convirtió una sencilla despedida —“paz, amor y
buen genio”— en una de las frases más recordadas de la televisión nacional.
Tenía 75
años, según los reportes publicados tras su fallecimiento.
Pero para
entender quién fue Juan Guillermo Ríos hay que regresar mucho más atrás, a un
Medellín distinto, al barrio Manrique, a una familia numerosa y a una infancia
en la que la televisión todavía no podía imaginar el lugar que ocuparía en la
vida de millones de colombianos.
De Manrique a los grandes escenarios
Ríos nació en Medellín en 1951 y fue el cuarto de once hermanos. Creció en un hogar humilde. Su padre trabajaba como pintor de brocha gorda y su madre, Cecilia Rendón, realizaba labores para ayudar al sostenimiento de una familia numerosa. Él mismo recordaría años después aquellos comienzos como parte fundamental de la historia que lo llevó desde la escasez hasta la fama.
Estudió
Periodismo en la Universidad de Antioquia y posteriormente realizó estudios en
Bélgica. Allí amplió su formación y tuvo una experiencia internacional que
enriqueció su mirada profesional. Antes de convertirse en uno de los rostros
más conocidos de la televisión colombiana, aprendió el oficio donde muchos
periodistas de su generación comenzaron a formarse: la radio.
En 1970 ingresó a Caracol Radio.
El
micrófono sería, desde entonces, una especie de compañero permanente.
La radio
le enseñó el valor de la palabra, la velocidad de la noticia y la necesidad de
hablarle al oyente como a una persona y no como a una cifra de audiencia.
Después vendrían los periódicos, la televisión, la dirección de medios y la
docencia.
Pero el
gran salto estaba por llegar.
El rostro de las siete de la noche
En 1984 Juan Guillermo Ríos apareció frente a las cámaras del Noticiero de las 7.
Colombia
era entonces un país muy diferente. La televisión tenía pocos canales, no
existía internet y las redes sociales eran inimaginables. La hora de las
noticias era un ritual familiar.
Y Ríos
consiguió algo extraordinario: que millones de colombianos esperaran su
aparición.
El
noticiero llegó a superar el 70 % de audiencia y algunas referencias de la
época sitúan sus registros incluso por encima de esa cifra.
Aquella
audiencia no se explicaba solamente por el contenido informativo. Había algo
más.
Estaba su manera de hablar. Su presencia. Su personalidad. Y, sobre todo, su capacidad para comunicarse con el público sin perder la sensación de cercanía.
Al
finalizar las emisiones llegaba el momento que muchos televidentes esperaban:
“Paz, amor y buen genio”.
Era una
despedida sencilla, pero terminó convirtiéndose en su firma.
Mientras
otros presentadores parecían pertenecer exclusivamente al mundo solemne de las
noticias, Ríos consiguió proyectar una imagen más humana. La frase se volvió
popular y pasó de la pantalla a la conversación cotidiana de los colombianos.
Una carrera marcada también por los tiempos difíciles
La historia de Juan Guillermo Ríos no fue únicamente una historia de éxito.
En 1982
fue secuestrado por integrantes del M-19. Posteriormente, en 1985, enfrentó un
episodio de censura. Su trayectoria periodística estuvo atravesada, como la de
tantos comunicadores colombianos de aquellas décadas, por un país en el que
ejercer el periodismo podía significar enfrentarse directamente con los actores
del conflicto y con los poderes políticos y económicos.
Después de
su paso por el Noticiero de las 7 continuó construyendo una carrera extensa.
Trabajó
en Caracol Radio, Caracol Televisión y la
revista Semana. Dirigió noticias de Radio Santa Fe y
también estuvo al frente de las emisoras de la Policía Nacional. Participó en
otros proyectos informativos y tuvo su propia programadora, Notivisión.
También
fue docente universitario y asesor de comunicaciones de ministros y diferentes
gobiernos.
Es decir,
su vida profesional no terminó cuando dejó de ser el rostro de las siete de la
noche.
El
periodista sobrevivió al personaje televisivo.
Cuando la vida puso a prueba al periodista
Quizás uno
de los capítulos menos conocidos de su historia fue aquel en que Juan Guillermo
Ríos tuvo que dejar de entrevistar a los demás para convertirse él mismo en
protagonista de una batalla.
A finales
de los años noventa enfrentó un cáncer.
En 1998
fue sometido a una intervención para retirarle un cáncer de riñón. Después
sufrió una perforación intestinal, una grave peritonitis, una falla sistémica y
varios paros cardíacos. Permaneció durante meses en coma.
Los
médicos llegaron a considerar extremadamente difícil su recuperación.
Pero Ríos volvió. Volvió a hablar. Volvió a caminar. Volvió al periodismo.
Y aquella
experiencia terminó convirtiéndose en otra parte esencial de su historia: la
del hombre que había conocido el éxito, la fama y el poder, pero que también
había conocido la enfermedad, la fragilidad, la pérdida y la posibilidad de
comenzar nuevamente.
En una
entrevista recordó que su familia incluso llegó a considerar la posibilidad de
retirarle el soporte vital. La decisión de su madre de oponerse fue
determinante para que continuara con vida.
El periodista que decidió contar su propia historia
Con los años, Ríos comprendió que también tenía una historia que contar.
En
2021-2022 publicó sus memorias junto a su hijo, el periodista Andrés Ríos. El
libro, titulado “Memorias con Paz, Amor y Buen Genio”, tomó
precisamente aquella frase que había quedado instalada en la memoria de varias
generaciones.
Era, en
cierto modo, el círculo que se cerraba.
El
reportero que había pasado buena parte de su vida contando la historia de
Colombia decidió contar la suya.
Y en esas
memorias aparecía el niño de Manrique, el joven que llegó a la radio, el
periodista que alcanzó una audiencia extraordinaria, el hombre que conoció el
poder, las dificultades, la enfermedad y la recuperación.
Más allá de las cámaras
En los últimos años, la vida de Juan Guillermo Ríos transcurrió lejos de aquella televisión que alguna vez lo convirtió en uno de los hombres más conocidos del país.
Medellín
volvió a ser su refugio.
En marzo
de 2026 se conoció además que enfrentaba una pérdida auditiva severa y que
había recibido apoyo para recuperar parte de su capacidad de escuchar.
Era una
paradoja para un hombre que había vivido de la palabra, de la voz, de escuchar
testimonios y de conversar durante décadas.
Pero quizá
allí estaba también la dimensión más humana de su historia: detrás del
periodista famoso siempre existió un hombre enfrentado a las mismas
incertidumbres que cualquier otro ser humano.
El último cierre
Juan
Guillermo Ríos murió en Medellín este 6 de septiembre.
La noticia
deja en silencio una voz que durante décadas acompañó a Colombia.
Su
generación de periodistas conoció una televisión que ya no existe. Una
televisión con pocos canales, horarios definidos y millones de familias
reunidas frente a un aparato para escuchar las noticias.
Él fue uno
de sus protagonistas.
Pero
reducir su vida al Noticiero de las 7 sería quedarse solamente
con el rostro que aparecía en pantalla.
Juan
Guillermo Ríos fue reportero, presentador, director, docente, asesor de
comunicaciones y sobreviviente de circunstancias que pudieron haber terminado
con su vida mucho antes. Fue también un hombre que pasó de la pobreza de un
barrio de Medellín a convertirse en una de las figuras más reconocibles de la
televisión colombiana.
Su legado
no está únicamente en las cifras de audiencia.
Está en la
memoria de quienes lo escucharon.
En los periodistas que aprendieron de él. En sus estudiantes. En sus compañeros de oficio. En su hijo Andrés, también periodista.
Y en una
frase que sobrevivió al paso del tiempo.
Cuando las
cámaras se apagaron por última vez y el periodista dejó definitivamente el
escenario, quedó pendiente aquella despedida que durante tantos años había
pronunciado ante Colombia.
Quizá
ahora corresponda a quienes lo conocieron pronunciarla por él:
Paz, amor y buen genio, Juan Guillermo Ríos.