La Tierra que se Seca Detrás : Crónica de la Sed en Cundinamarca
— Abrir la llave y que no salga nada no
es una molestia pasajera; es ver cómo la vida cotidiana se desmorona a
cuentagotas. Al cierre de este 30 de septiembre de 2026, la estampa
turística de los paisajes verdes y brumosos de las provincias del Tequendama,
el Gualivá y el Alto Magdalena se ha quebrado bajo el peso de un implacable fenómeno de El Niño. La realidad hoy sabe
a polvo, a pozos resecos y a comunidades enteras que miran al cielo esperando
un milagro mientras miden el agua en pocillos.
En el departamento, lo que comenzó como una alerta preventiva se ha transformado en un desastre hídrico efectivo. Treinta y cinco municipios de la jurisdicción se encuentran bajo estrés hídrico, con declaratorias que escalan desde la alerta amarilla hasta la calamidad pública absoluta. Para quienes habitan estas tierras, el "estrés hídrico" no es un término técnico; es una condena diaria.
La agonía de las cuencas bajas
José Suncha, habitante de toda la vida de San
Antonio del Tequendama, resume la zozobra de su comunidad con la
mirada puesta en un tanque de plástico semi vacío:
"Aquí uno ya no sabe qué es
tener agua normal. Nos la quitan por días enteros, y cuando llega, sale con un
hilo tan débil que ni el tanque alcanza a llenarse. Nos toca priorizar: o
cocinamos, o lavamos la ropa, o nos bañamos. Uno ve los cultivos de café y
frutales marchitándose, y da dolor porque de eso vivimos. La gente del pueblo
está desesperada; dependemos de la buena voluntad de que un carrotanque suba
hasta la vereda, pero las carreteras son difíciles y el agua nunca da abasto
para tantas familias".
Un par de montañas más allá,
descendiendo hacia el corazón de la provincia, la situación se torna aún más
crítica. El Colegio es uno de los cuatro municipios
catalogados formalmente en Alerta Roja, debido a que la empresa de
servicios públicos local ha sobrepasado su capacidad técnica y operativa para
responder a la demanda de la población.
Allí, el drama cotidiano lo
relata Holman Sierra, habitante del municipio de El Colegio:
"La situación aquí ya cruzó el límite de lo aguantable. Los racionamientos ya no son de unas horas; pasamos días enteros secos. En el comercio, los restaurantes y los hogares estamos haciendo milagros con baldes. Lo más grave es que los niños en las escuelas y los ancianos sufren el doble por el calor extremo que ha hecho este mes. Ver el racionamiento tan estricto nos hace sentir vulnerables. El agua se volvió el bien más preciado y costoso del pueblo; dependemos completamente de los turnos que pongan y de que los sistemas de almacenamiento comunitario no se queden en ceros".
La Respuesta Institucional:
"El consumo humano es innegociable"
Ante el clamor de las comunidades
en El Colegio, Villeta,
Caparrapí y Tocaima
(todas en alerta roja), así como en Puerto
Salgar y Viotá
(en calamidad pública), las autoridades departamentales y ambientales han
tenido que tomar medidas drásticas sobre la marcha en esta última semana de
septiembre.
Por su parte, la Unidad
Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo de Desastres (UAEGRD) de la
Gobernación de Cundinamarca mantiene activos los comités locales de emergencia,
coordinando la ayuda humanitaria y el monitoreo de los caudales mínimos.
"La prioridad absoluta de la
corporación es garantizar el agua potable para los hogares. Por lo tanto,
iniciaremos la reducción técnica de caudales otorgados o la suspensión temporal
de los permisos de aprovechamiento de aguas superficiales a industrias,
comercios y sectores agropecuarios donde se evidencie que están afectando
directamente el suministro de los acueductos municipales".
La CAR reporta que en lo que va corrido de la emergencia se han abierto más de 300 procesos sancionatorios por desvío ilegal de cauces, captaciones sin permiso y afectaciones a las cuencas, en un esfuerzo por frenar a quienes priorizan riegos particulares sobre la sed de las mayorías.
La paradoja de los números
Mientras el Sistema de Chingaza y
los agregados que surten a la capital se sostienen en niveles altos para la
época del año debido a dinámicas climáticas diferenciadas en la alta montaña,
las provincias bajas de Cundinamarca padecen una sequía localizada feroz. Las
lluvias aisladas de los últimos días en sectores de la Sabana de Occidente han
dado leves respiros a cuencas de municipios como Facatativá, pero el Gobernador
Jorge Emilio Rey ha sido enfático en que estos aguaceros temporales no
solucionan el déficit estructural de los embalses locales ni estabilizan el
terreno.
Para los habitantes de San
Antonio de Tequendama, El Colegio y las decenas de poblaciones
afectadas, las cifras de las noticias importan poco cuando los baldes siguen
vacíos en el patio. La emergencia sigue abierta y la resiliencia comunitaria se
pone a prueba cada mañana, en una Cundinamarca que hoy lucha, palmo a palmo,
por no quedarse sin su recurso más vital.